Bodegas Ponce: cuando el origen es el alma de un proyecto apasionante

 

Dicen que los sueños se cumplen si tenemos el coraje de perseguirlos, pero el mayor triunfo es aprender a disfrutar del camino. Hace ya casi dos décadas Juan Antonio Ponce comenzaba a dibujar un proyecto bodeguero que se ha convertido en uno de los más destacados de la Manchuela. Su gran victoria ha sido no perder nunca ese compromiso tan particular y ambicioso que cimienta Bodegas Ponce: dejar un legado para el futuro que represente el potencial del pasado y presente de esta comarca.

Apasionado de sus tierras, las ha mimado hasta sacar el máximo partido de un paraje en el que habitan viñas de variedades autóctonas. Nuestro anfitrión nos recibe a las puertas de la bodega para llevarnos hasta uno de sus viñedos más antiguos porque «todo comienza allí». Estamos ante un viñedo de pie franco con más de 100 años y uno de los más importantes de la bodega. «Nuestro vino PF, desde el primer momento fue uno de los vinos que nos situó en el panorama nacional y creó un poco de expectación entre la crítica. Creo que le debemos muchísimo a este viñedo», explica Ponce.

 

Texto: Berta López / Vídeo y fotografía: Fernando Murad y Laura Lázaro

 

Seguimos caminando por la parcela mientras nos cuenta cómo son sus vinos «sin maquillajes», unas referencias que no siguen ni modas ni tendencias, pero en los que buscan expresar la mayor pureza. En su elaboración respetuosa prima la calidad antes que la cantidad para devolver a sus viñedos el valor que se merecen y poder mostrar las particularidades de la zona. «Aunque parezca egoísta, cuando elaboramos vinos pensamos principalmente en nuestros gustos porque queremos que nos emocionen. Después, siempre habrá un público que tenga ese punto en común con nosotros», añade Ponce.

La diversidad de suelos sobre los que trabajan marcan también el carácter diferencial de Bodegas Ponce. En total, más de 70 hectáreas en más de 40 parcelas con suelos y zonas diferentes, todas ellas heredadas de sus abuelos y sus padres. «Para mí es interesante poder aprender de cada uno de nuestros viñedos, de ver cómo se comporta una misma uva en diferentes tipos de altitudes, etc.», cuenta Juan Antonio.

 

 

Continuamos adentrándonos en su proyecto y ponemos rumbo a otros de sus viñedos de pie franco, una parcela muy especial «porque posiblemente sea una de las más antiguas que quedan siendo solo una única de moravia agria», remarca Ponce. Más de dos hectáreas donde el suelo es totalmente diferente al anterior, con una arena mucho mas degradada, con resto de canto rodado y piedra de río que indican que en su día fue una zona donde habría agua encharcada. «Una variedad casi única en la Manchuela, muy antigua y que por desgracia ha sufrido mucho porque es una uva comercialmente poco conocida», explica. Como fruto, esta variedad autóctona ofrece vinos con gran riqueza aromática en matices capaz de desubicar geográficamente. «Una uva con la piel muy fina, que la hacen diferente al resto de variedades del Mediterráneo, que genera poco azúcar y con la que se elaboran vinos de poco alcohol y su momento de maduración es muy tardío», concluye.

 

 

Volvemos a la bodega para hablar un poco menos y disfrutar con la copa en mano de sus vinos, no sin antes recorrer su viñedo más joven, justo a sus puertas. «Comenzamos a construir la bodega en 2016 y en 2018 plantamos este viñedo. Seleccionamos nuestros viñedos más antiguos y los trasladamos a Villanueva de la Jara para ganar más altitud, más frescura y una maduración mucho más lenta con un ciclo de la planta mucho más largo. Así, buscamos desarrollar vinos blancos con mayor longitud en boca, equilibrados, con mas nervio y acidez». 

Ya en la sala de barricas, Jose Antonio nos invita a probar la primera añada de Ponce Blanco, un vino que anteriormente se presentaba en su etiqueta como Reto. Un monovarietal 100% albilla, fermentado en madera con uvas principalmente de viñedos viejos con diferentes tipos de suelo, diferente altitud, que incorpora uvas de su viñedo más joven y que empieza a dar unos resultados muy interesantes. «Una añada mucho más fina, elegante, fresca y con más calidad», cuenta nuestro anfitrión.

Un brindis cierra esta interesante jornada. Chocamos las copas por esas tierras que hablan de historia y esos vinos que hablan de tierras. Porque cuando el origen es el alma de un proyecto, el éxito es casi inevitable.

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